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El calentamiento global está afectando más al norte que a cualquier otro punto del planeta, y el Yukón no es la excepción. Si bien es cierto que sus residentes recibirían con entusiasmo una buena temporada de calor, los efectos colaterales de tal fenómeno son desconocidos.

La subida de las temperaturas incurriría en el aumento de la evaporación y en la sequía de un ambiente que es de por sí árido, provocando incendios forestales y reduciendo la productividad biológica de los bosques boreales, cuyo crecimiento se ve más limitado a la falta de humedad que a la de una temperatura favorable.

El territorio es además el blanco de la contaminación proveniente de otros sectores del mundo, sobre todo de origen orgánico, por lo que el consumo de animales salvajes y de pescado ya no es aconsejable.

Localmente, la demanda minera y su correspondiente explotación son causantes de la aparición de ácido en los confines de su campo laboral, costando cientos de millones de dólares en reparos y limpieza.

En un intento por incentivar la investigación de recursos naturales, en 2005 el Partido del Yukón, liderado por Dennis Fentie, ha suspendido la protección de áreas que se hallaban anteriormente respaldadas por el gobierno del Partido Demócrata, y ha señalado su intención de no crear parques restringidos adicionales.

La tribu gwich’in de Old Crow depende del caribú de Porcupine para autoabastecerse con comida y abrigo, como otras tantas del entorno. Esta especie se traslada a las llanuras de la costa para aparearse en el “Refugio Salvaje Nacional del Ártico” (Arctic National Wildlife Refuge) en Alaska. Esa manada suele ser seriamente castigada por la actividad petrolera del ambiente.

¡¡¡ CUIDA LOS BOSQUES !!!

BARRAMEDA

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